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Crítica: Sin Escape (2015) Dir. John Erick Dowdle

Juan Ventura
Escrito por Juan Ventura

Título Original: No Escape; Origen: Estados Unidos; Dirección: John Erick Dowdle; Guión: John Erick Dowdle y Drew Dowdle; Elenco: Owen Wilson, Pierce Brosnan, Lake Bell, Sahajak Boonthanakit; Producción: Drew Dowdle, David Lancaster y Michel Litvak; Fotografía Léo Hinstin; Distribuidora: Diamond Films; Duración: 103 minutos; Estreno en Buenos Aires: 8 de octubre de 2015

Civilización o Barbarie

Hay actores (y actrices) que quedan encasillados dentro de un género o papel durante toda su vida. Muchos intentan salir y pocos lo logran. Matthew Mcconaughey (Dallas Buyers Club) o Steve Carrell (Foxcatcher) constituyen ejemplos recientes de artistas que consiguieron romper el molde y reinventaron sus carreras casi de un momento a otro. Sin embargo, librarse de la etiqueta es un proceso dificultoso, sino pregúntenle al personaje de Michael Keaton en Birdman.

En ese sentido, el regreso de Owen Wilson como héroe de acción generaba cierta curiosidad, ya que la última vez que lo vimos en un rol de similares características fue junto a Gene Hackman en el drama bélico “Tras líneas enemigas” (Behind Enemy Lines, 2001), hace 14 años. Desde ese momento, la carrera de Wilson se volcó definitivamente hacia la comedia y, salvo alguna excepción (Medianoche en Paris, 2011), el grueso de su producción artística se vio reflejada en películas como Zoolander (2001), Shangai Kid (2003), Starsky & Hutch (2004), Los Rompebodas (2005), Una Noche en el Museo (2006), Marley y Yo (2008), etc.

Parte de la expectativa de Sin Escape (No escape, 2015), entonces, consistía en observar el desempeño de este rubio de 46 años en un rol distinto al del resto de sus películas, en este caso acompañado por el veterano Pierce Brosnan (El Caso Thomas Crown), Lake Bell (Boston Legal) y John Erick Dowdle (Así en el cielo como en el infierno, Cuarentena) en la dirección. En este aspecto, si bien el resultado de su interpretación es aceptable, la película deviene fuertemente cuestionable en cuanto a las representaciones ideológicas que contiene.

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La trama de la película es bastante lineal: Jack Dwyer (Wilson) es un padre estadounidense que se muda junto a su familia (madre y dos hijas) a un país del sureste asiático (nunca se menciona cuál) en busca de un mejor pasar económico. Sin embargo, al poco tiempo de llegar se produce un violento golpe de estado que convierte a la ciudad en una zona de guerra y los deja completamente aislados. Mientras intentan escapar con la ayuda de un agente británico llamado Hammond (Brosnan, en un papel menor), se dan cuenta que los rebeldes están ejecutando brutalmente a los extranjeros sin ningún motivo aparente…

El modelo de “sujeto normal que debe actuar en circunstancias extraordinarias para sobrevivir” ha sido ampliamente utilizado en la historia del cine. En Sin Escape, nuestro héroe debe probar sus destrezas en un entorno hostil y enfrentarse a situaciones críticas en las que, para proteger a su familia, tiene que trasgredir los límites de su propia moral. De este modo, vemos a Wilson saltando de edificio en edificio, sobreviviendo a tremendas explosiones y luchando contra rebeldes incivilizados que lo único que quieren es torturarlo, filetearlo, machacarlo y/o asesinarlo brutalmente.

Como film de acción pasatista, Sin Escape brinda un entretenimiento meramente aceptable. Si bien John Dowdle (que co-escribió el guión junto a su hermano Drew Dowdle) logra imprimir dinamismo y espectacularidad en las secuencias de acción, la historia deviene predecible y, por momentos, bastante absurda. Las condiciones sociopolíticas que llevan al golpe de estado nunca son explicitadas, por lo que no sabemos prácticamente nada sobre los actores del conflicto, sus motivaciones, o el contexto de pobreza y explotación que los lleva a sublevarse. Lo único que sabemos es que hay, por un lado, un gobierno monárquico ultra corrupto que transa negocios con los países primermundistas a cambio de la sesión absoluta de los recursos naturales del país y, por otro, una banda de guerrilleros salvajes, violentos y sádicos -teóricamente los oprimidos-, que toman el poder sin saber muy bien para qué (más allá de su evidente vocación asesina).

En este sentido, los rebeldes son presentados como una masa homogénea de bárbaros irracionales, cuya única motivación es saciarse con la sangre de los norteamericanos, a quienes señalan como los principales responsables de la opresión sufrida durante tantos años. Este tufo etnocentrista, que establece la civilización del lado estadounidense y la barbarie del lado de los asiáticos (además… como si Asia fuera un país), compone un marco ideológico fuertemente discriminatorio. Dentro de él, se desarrolla esta historia, que en este contexto se convierte en una suerte de “aventura del buen blanco en un país de incivilizados” en donde un montón de gente muere para que él y su familia puedan escapar.

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Este gesto reduccionista y cuasi racista de convertir a los excluidos en salvajes peligrosos (“el enemigo”), invisibiliza las verdaderas problemáticas de estos pueblos que, por un lado, sufren el sistemático vaciamiento de sus recursos naturales y, por otro, adolecen las consecuencias devastadoras de una división internacional del trabajo que los sojuzga a condiciones laborales verdaderamente inhumanas.

En definitiva, y retomando el comentario inicial, podemos decir que Owen Wilson cumple en el papel de héroe de acción, pero la película en sí, deja bastante que desear…

Por Juan Ventura

Crítica de la película
Fecha
Película
Sin Escape
Puntaje
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Acerca del autor

Juan Ventura

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"El cine es la vida misma sin las partes aburridas" - Alfred Hitchcock