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Viejos dioses vs nuevos dioses: reseña de American Gods (2017-)

Lautaro Olivera
Escrito por Lautaro Olivera

“¿Qué crees que hacen los dioses? Ellos joden con nosotros. Ellos nos joden todo el tiempo”

Dioses nórdicos, católicos, egipcios, griegos, budistas y judíos. Dioses aggiornados, gozadores y extasiados. Todos ellos caminando junto a nosotros. Una guerra entre viejos y nuevos dioses. Esta es la premisa de American Gods.

Basada en un best seller de Neil Gaiman (una de tantas novelas exitosas de este prolífico autor) la serie nos muestra a estos dioses usando como excusa a Shadow Moon, un hombre que a días de cumplir su condena y abandonar la prisión se queda solo a raíz de la muerte de su esposa Laura, el amor de su vida. Con un destino tan poco promisorio entre manos acepta una propuesta laboral de Wednesday, un hombre misterioso que lógicamente, será su primer contacto con este mundo tan bizarro.

Y es que lo bizarro está muy presente a lo largo tanto del argumento como de la narrativa de American Gods. Es una historia que podríamos definir como bizarra pero también como  surrealista. Hablamos de los sueños ya que todo se percibe como una ensoñación, como un sueño vivido. Porque a pesar de la rareza de las situaciones, estas fluyen con cierta naturalidad, sin un freno o un descanso narrativo para sus protagonistas o para el espectador. Ambos en este sueño constante siempre están ante la encrucijada de creer o no creer. Y la propuesta siempre es dejarse llevar, sin buscar una innecesaria explicación.

Buen sueño, mal sueño

Las cosas raras emergen con bastante naturalidad y si bien turbias, no hay demasiadas explicaciones sobre ello nunca. La fantasía se transforma en terror en cada pasaje de la historia y eso resulta chocante. El gore por ejemplo, es moneda corriente y el regodeo en relación a ciertas actitudes salvajes que van apareciendo, es sólo entendible si la ponemos en línea con el entretenimiento y el oscuro goce que suelen tener los dioses a lo largo de nuestra historia y en sus diversas interpretaciones culturales.

Un sentido estético a veces minimalista pero siempre exacerbado y una paleta de colores oscura (que bien podría recordar al universo cinematográfico de DC de Zack Snyder y compañía) completan este cóctel narrativo que más de las veces propone sueños que luego se transforman en pesadillas.   

Pero más allá de lo narrativo que siempre resulta muy pretencioso (logrando ciertos momentos de belleza y alto impacto y otros que resultan muy agotadores e innecesarios) lo más atractivo de la propuesta es indudablemente el argumento. Brillante con ciertas líneas e ideas, muy perspicaz respecto a la conformación de ciertos conceptos, el argumento es indudablemente atrapante. Los dioses, semi dioses y criaturas mitológicas van surgiendo con un sentido del aggiornamiento que los hace encantadores.

Asimismo se deja entrever un concepto que atraviesa toda la obra y que es un imán: la rivalidad entre lo viejo y lo nuevo. Representada entre los viejos y los nuevos dioses. Los dioses moralistas contra los dioses materialistas. Los dioses de los que escuchamos hablar pero a los que en la actualidad no les prestamos demasiada de nuestra atención, enfrentándose a los nuevos dioses, que distribuidores del opio que producen los primeros ahora pretenden tomar el control absoluto de la escena. Cuando hablamos de nuevos dioses nos referimos a los medios de comunicación y al consumismo.  

Un hombre y su amigo el leprechaun. Lógico.

      
Dentro de los puntos flojos de la serie cabe mencionar (además de su ya mencionada polémica narrativa que por pretenciosa a veces resulta cansadora) el rol de sus actores y su relación con los diálogos. No solo por un casting que suena algo irregular (por ejemplo en la figura de Shadow Moon, interpretado por un Ricky Whittle que parece algo falto de carisma) sino porque los diálogos de Neil Gaiman  resultan por momentos injertados con poca sutileza. Transcritos de manera algo literal, su intencionalidad lírica a veces queda a destiempo y coincide solo con la extraña reverberancia de esta novedosa narrativa. Como sea, es un detalle puntilloso entendiendo que emprender un proyecto de estas características, implica sus riesgos.

En resumen, la propuesta de American Gods es indudablemente arriesgada y pone toda la carne al asador. Con una narrativa contundente que propone el sumergirnos en un sueño sin preguntarnos demasiado pero para ir entendiendo de a poco que está pasando, todo nos hace ver que esto apenas, acaba de comenzar. Y que todo tendrá más sentido una vez que la serie cumpla con todas sus temporadas las que podemos percibir a simple vista, serán varias.

Por Lautaro Olivera

 




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Acerca del autor

Lautaro Olivera

Lautaro Olivera

Licenciado en Psicología (UBA). Alexander Payne, Evangelion, Bojack Horseman y superheroes. Colaborador en las secciones CINE y SERIES en Proyector Fantasma.

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