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Crítica: Sangre de mi sangre (2015) Dir. Marco Bellocchio

Dirección y Guión: Marco Bellocchio. Origen: Italia, Francia, Suiza Elenco: Lidiya Liberman, Fausto Russo Alesi, Alba Rohrwacher, Filippo Timi, Toni Bertorelli, Ivan Franek, Roberto Herlitzka, Pier Giorgio Bellocchio, Federica Fracassi. Producción: Beppe Caschetto y Simone Gattoni.  Distribuidora: Mirada Distribution. Duración: 106 minutos. Estreno: 28/7/2016

Tierra de mi tierra

En Sangre de mi sangre, el más reciente film de Marco Bellocchio hay dos historias distantes que dialogan a través del espacio; en el siglo XVII, en un monasterio en Bobbio, se acusa a una monja de estar poseída; en el siglo XXI, un millonario ruso quiere comprar el edificio ya abandonado pero se encuentra con que allí vive un vampiro jefe de la mafia. De esta asociación (casi, aparentemente) libre nace un film heterogéneo en su tono, sus recursos formales y sus climas; en todos esos cambios, sin embargo, hay algo que permanece.

Las evidencias de las acusaciones de criminalidad o de cuestiones mágico-religiosas están trabajadas fuera de campo: ambas historias comienzan dándolas por hecho y no veremos casi ninguna evidencia de ellas. En la primera parte, parecería que la palabra de alguien de autoridad alcanza e incluso prevalece por sobre las pruebas que éstas establecen. Y en el caso del vampiro es más bien su condición de eternidad lo que le interesa a Bellochio, lo que lo hace anacrónico, un extraño en su propia tierra, a quien la eternidad ya no le sirve.

El film tiene una desconfianza por las figuras de autoridad, que bordean el límite entre la paradoja y la hipocresía. Quienes vienen a aplicar la ley están a su vez fuera de ella; la sed de “justicia” (o más bien sed de castigo) que en la Inquisición quería ver a las brujas arder y hoy quiere ver trabajar a la policía financiera va más allá de los hechos.

Si bien Sangre de mi Sangre es algo heterogénea y fragmentaria, casi todas las escenas están cargadas de una emoción profunda, un humor ácido o una terrible crueldad. La fuerza que la película pierde en los lazos de las distintas situaciones es recuperada en la intensidad de estos núcleos, con una preocupación por lo inmanente.
Es llamativo que sea el hijo del realizador, Pier Giorgio Bellochio, la sangre de su sangre, el único actor que interprete personajes distintos (aunque ambos se llaman Federico) tanto en la parte medieval como en la contemporánea. Otro elemento de unión entre ambos momentos es el cover de Metallica de “Nothing else matters”: un coro de niños con una reverberación eclesiástica, anacrónica y una canción actual, en inglés, como un intruso en el siglo XVII. Si nada más importa, ¿habrá algo que sí? Quizás aquello que haya que liberar despues de años y años de reclusión, quizás lo que hace que un vampiro quiera ver el sol.

 

Por Laura García Lombardi

Crítica de la película
Fecha
Puntaje
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Acerca del autor

Laura García Lombardi

Estudiante de dirección de Montaje en la ENERC. Colaboradora de la sección CINE.