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Crítica: Relatos Salvajes (2014) Dir. Damián Szifron

Marianela Santillan

FICHA TÉCNICA DE LA PELÍCULA: Origen: Argentina-España Guión y dirección: Damian Szifron.  Intérpretes:Ricardo Darín, Oscar Martínez, Leonardo Sbaraglia, Erica Rivas, Rita Cortese, Julieta Zylberberg, Darío Grandinetti, María Onetto, Nancy Dupláa, Osmar Núñez, César Bordón, Diego Gentile, María Marull y Germán de Silva.  Fotografía: Javier Julia. Música: Gustavo Santaolalla. Edición: Damián Szifrón y Pablo Barbieri. Distribuidora: Warner Bros. Duración 122 minutos. Estreno en Argentina: 21/8/2014

Genealogía de la inmoralidad 

Damián Szifron, la mente creativa detrás del mega éxito televisivo que generó Los simuladores -posteriormente realizó la también aclamada Hermanos & Detectives- nos presenta su tercera película. Luego de El fondo del mar (2003) y  Tiempo de Valientes (2005), el realizador oriundo de zona oeste, retorna después de nueve años de ausencia cinematográfica.

Relatos Salvajes es un regreso verdaderamente triunfal que, entre otras cosas, comparte con las anteriores producciones de Szifron un elemento principal muy característico de su creador: el humor negro, que aquí está exacerbado al punto de rozar la crueldad, y por momentos, el gore.

Tal como su nombre lo indica, Relatos Salvajes es justamente eso, una sucesión de seis relatos que no se cruzan pero si podrían complementarse ya que si bien no comparten personajes ni escenarios, sí tienen una temática común: la pérdida del control. De hecho el  “slogan” de la película claramente dice “Todos Podemos Perder El Control”; y en esa pérdida -ya sea de moral, de ética, de valores, o de cordura- se mueven todos los personajes que son presentados durante las dos horas que dura el film.

Pasternak, un epílogo al comienzo (incluso antes de los créditos de apertura) oficia como relato inicial. Allí vemos como dentro de un vuelo comercial, un grupo de pasajeros descubre que ninguno de ellos está ahí por casualidad. Alguien y algo los llevó hasta ese lugar, en ese momento y de esa forma.

La historia número dos (Las ratas) tiene como protagonistas a Julieta Zylberberg y Rita Cortese, como moza y cocinera respectivamente de un restaurante de ruta. Durante una noche de lluvia torrencial, llega un comensal que no es nada menos que el candidato a intendente, quien en su faceta de mafioso ha martirizado a la familia de la moza. ¿Será esa la noche ideal para una  venganza tardía y sangrienta sin testigos?

La tercera entrega (El más fuerte) tiene como tema central  la lucha de clases, los prejuicios sociales; mientras que el cuarto relato (Bombita) presenta la indignación y furia de un hombre ante el sistema burocrático local -algo que Kafka describió a la perfección en El proceso- que por su ineficiencia e inoperancia laboral, le impide llegar al cumpleaños de su hija.

El penúltimo relato (La propuesta) involucra un accidente de tránsito que deja como consecuencia un muerto. La impunidad burguesa, la corrupción y la codicia ofician como ejes de este episodio, que resulta tal vez el más provocativo por su cercanía a recientes hechos sociales.

Szifron deja lo mejor para el cierre y con  Hasta que la muerte nos separe, el humor negro llega a su pico máximo en medio de una boda judía en la que la novia (Erica Rivas) descubre una asistente indeseable. La ira, los gritos y nervios estallarán en la joven que materializará excesos y locuras en pos de descargarse y brindar una fiesta inolvidable para todos los comensales.

A través de estos seis relatos, Szifron nos brinda no sólo una película sino un pseudo análisis sociológico sobre las emociones  y sentimientos más primitivos y salvajes (enojo, ira, violencia, entre otras) que todos tenemos instintivamente pero que en mayor o menor medida hemos reprimido al aceptar el contrato y las convenciones sociales que el universo simbólico humano requiere. En relatos Salvajes los personajes hacen lo que nosotros, en tanto sujetos sociales quisiéramos realizar pero no podemos: y lo hacen de forma grotesca, caótica, desmedida, repentina o pergeñada, pero por  sobre todo: violenta.

La violencia sin dudas conquetea con el horror y lo absurdo generando una lectura entre perturbadora y angustiante de la sociedad, pero no de la sociedad argentina actual, sino de la sociedad en general, del conjunto humano y tal vez por ello, esta película tenga -aún antes de su estreno- defensores y detractores por igual; porque nos obliga al encuentro con lo que para muchos puede ser inadmisible pero que en definitiva es real: nuestro salvajismo innato contenido anti-naturalmente que puede cruzar una barrera, develar lo real, y caer en las tierras de la cotideaneidad.

Técnicamente perfecta, con una calidad visual impecable y envidiable -aplausos aparte para el DF- esta producción se luce en todo, si en todo. El montaje es espectacular, la música -si bien me declaro anti Santaolalla- funciona como un actor más y no como simple acompañamiento y ¿qué decir de las actuaciones? Todos los protagónicos se lucen pero la labor de Erica Rivas logra superarlos y dotar a su episodio de frescura y estilo muy almodovariano que a más de uno encantará. Sin embargo, hay algo de desprolojidad o falta de sutileza en la forma de presentar algunos de los episodios -el primero particularmente me resulta el más fallido-, humor obvio pero que sabe -en casi todas las situaciones- reinventarse para generar un buen remate, o cierre de historia.

Relatos Salvajes es en definitiva cine de género que shockea de un golpe seco al espectador, y que al mejor estilo hitchcockiano roza la narración propia de los thrillers pero además es la forma de reflejar la decadencia moral actual, es la forma en que Szifron por medio de esta antología critica a una sociedad que avanza en muchos aspectos, pero que retrocede en el más importante: el humano.

Por Marianela Santillán




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Acerca del autor

Marianela Santillan

Marianela Santillan

Licenciada en Psicología (UBA), con formación en Artes Audiovisuales (IUNA). Docente. Editora y redactora responsable de la sección CINE en Proyector Fantasma.