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Crítica: El gran hotel Budapest (2014) de Wes Anderson

Marianela Santillan

FICHA TECNICA DE LA PELÍCULA

 Titulo original: The Grand Budapest Hotel
Género: Comedia dramática
Intérpretes: Ralph Fiennes, F Murray Abraham, Mathieu Amalric, Adrien Brody, Willem Dafoe, Jedd Goldblum, Jude Law
Director: Wes Anderson
Origen: Estados Unidos – Alemania (2014)
Duración: 100 min.
Calificación: Apta para mayores de 13 años
Fecha de estreno: 20/03/2014

El fantástico Mr. Anderson 

La historia del nuevo film de Wes Anderson va de a poco develando una historia dentro de otra, cual mamuska rusa. Comienza en el presente cuando una chica homenajea al autor de la novela THE GRAND BUDAPEST HOTEL. Luego el mismísimo autor (Tom Wilkinson) narra las circunstancias de la creación de su mítico libro, circunstancias que nos llevan a verlo a él mismo  en sus años de juventud (encarnado por Jude Law), visitando el  hotel hace algunas décadas. En este flashback, el escritor conoce al dueño del mítico centro de hospedajes, Mustafá (F. Murray Abraham), quien será, finalmente, el que contará la historia de la época de oro del hotel.

En ese momento de la narración, nos retrotraemos a Mustafá de joven ( a quien llamaremos Zero), trabajando como “lobby boy” del conserje del lugar, Mr. Gustave (Ralph Fiennes), un hombre tan educado como amable y ferviente  seductor que tiene el hábito de enamorar a mujeres mayores que pasan sus  días en ese bello lugar perdido en las montañas de la República de Zubrovka. Una de las conquistas de Gustave es una millonaria anciana (la siempre genial Tilda Swinton, aquí muy avejentada mediante trucos de maquillaje) que muere y le deja como herencia  “Niño con Manzana”,  un costosísimo cuadro que será el objeto ideal para  desatar el caos familiar y el afán de codicia por parte de los allegados a la fallecida.

La codicia es justamente lo que inicia la persecusión, junto a una serie de enriedos, aventuras y crímenes que Gustave y Zero deberán afrontar a la vez que se los acusa de autores del asesinato de la difunda y mientras intentan limpiar sus nombres y saber la verdad de lo acaecido. Todo esto hará que paulatinamente vayan forjando una relación cuasi paternal de protección mutua, que sin dudas, será el componente emocional más fuerte del film.

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Tal vez esta sea la película más Anderson dentro del universo Anderson (que tanta controversia genera) ya que vemos como él mismo se expone y manifiesta como un hombre fuera del mundo actual. El diseño kitsch con toques retro, una paleta de colores de ensueño, vestuario añorable, música que embriaga y varias de sus ya famosas marcas registradas tales como sus zooms rápidos, travellings veloces, y claro está sus encuadres perfectos y coloridos no hacen más que confirmar el talento inigualable de su cine de autor. Además considero que es una de sus películas más adultas, no sólo por este posicionamiento como un outsider de la contemporaneidad, sino que se puede percibir una adultez desde la temática misma. Si bien, se recurre a la farsa y lo cómico, el trasfondo de la trama es actual e inagotable: codicia, ventajismo, mentiras, secretos y el dinero como el bien más preciado, todos elementos que el director de esta película supo utilizar para no caer en lugares comunes y así entregarnos esta delicia audiovisual.

Con un estilo de comedia agridulce, pero comedia al fin que roza lo siniestro y oscuro por momentos, la película desarrolla la historia de este personaje demodé, (característica que vimos muchas veces en el cine de Anderson) y tal vez de allí venga la explicación al por qué del encanto que nos genera Wes, aunque… ¿es necesario explicar algo tan puramente sensorial como es lo que nos genera su cine a quienes lo “seguimos” hace tiempo? 

Aplausos aparte para las labores actorales en general, no sólo de Gustave y Zero, sino de todo el ensamble participante. Willem Dafoe (poniéndose en la piel de uno de los mejores villanos de los últimos tiempos), Harvey Keitel, Adrien Brody, Jeff Goldblum, Edward Norton, Mathieu Amalric, Saoirse Ronan, Lea Seydoux, Owen Wilson, Jason Schwartzman y, Bill Murray, encarnan a los personajes con los que nuestros protagonistas se cruzan en su fuga en pos de la verdad, en un film que además del absurdo y la comedia, incorpora toques de boudeville, surrealismo, drama telenovelesco y escenas de tiroteos masivos al mejor estilo Super Agente 86.

La obsesión por la perfección y simetría tanto en los planos como en cada detalle estético que Wes piensa, dan sus frutos porque si la perfección existe… debe ser bastante parecida al disfrute que generan sus films, y El gran Hotel Budapest se perfila como una de sus más grandes obras maestras.

Por Marianela Santillán

Podés leer otra crítica sobre Elgran hotel Budapest aquí.




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Acerca del autor

Marianela Santillan

Marianela Santillan

Lic. en Psicología (UBA) -Psicóloga online-, con formación en Artes Audiovisuales (IUNA). Docente. Editora y redactora responsable de la sección CINE en Proyector Fantasma.