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Crítica: BOYHOOD, momentos de una vida (2014) Dir. Richard Linklater

Marianela Santillan

FICHA TÉCNICA DE LA PELÍCULA 

Título original: Boyhood

Origen: Estados Unidos/2014

Guión y dirección: Richard Linklater.

Elenco: Ellar Coltrane, Ethan Hawke, Patricia Arquette y Lorelei Linklater.

Fotografía: Lee Daniel y Shane F. Kelly.

Distribuidora: UIP.

Duración: 165 minutos.

Beyond The Horizon

 

Durante una discusión a sus ya cuarenta años, Jesse (Ethan Hawke) le dice a Celine (Julie Delpy) “no será perfecto, pero lo que tenemos es real “. Con esa frase tan general, pero a la vez tan sincera en Before Midnight (2013) el gran Richard Linklater nos reitera una vez más algo que para quien sea habitué a su cine ya es sabido: el gusta de retratar vidas imperfectas, descontrol, desamor, inmadurez, etc, etc, porque en definitiva lo que Linklater filma no es más que la vida misma. Vida que por momentos es cruel, hermosa, aterradora, o cautivante.

Boyhood no es la excepción a la regla. Boyhood es a partir de las imperfecciones, y el concepto de momento será el núcleo central en esta historia que se filmó durante doce años (una semana de rodaje por año aproximadamente), siempre mantuvo al mismo elenco actoral; y que si bien se centra en Mason, podría centrarse en cualquiera de nosotros.

El film inicia y culmina con la profunda mirada de Mason Jr. (Ellar Coltrane), quien comienza la película con seis años y la termina al ingreso a la universidad a sus 18 años. Él vive con su madre Olivia (Patricia Arquette) y su hermana dos años mayor que él, Samantha (Lorelei Linklater). Luego entrará en escena el padre de ambos niños, Mason (Ethan Hawke) ex pareja de Arquette, que desde el comienzo del film ya se presenta como una figura menos presente que la madre. Poco a poco los años irán pasando, y el espectador se dará cuenta por leves pistas como la música de moda (desde Britney Spears, Sheryl Crow, Coldplay hasta Cat Power, Yo la tengo, Daft Punk y Wilco), los cambios políticos en Estados Unidos (el fin del gobierno de Bush, campaña y elección de Obama), además de los cambios físicos corporales en todos los personajes, y los cambios de pareja que experimentará Olivia.

De esta forma los niños son en cierto punto, “víctimas” de las decisiones que su madre toma. Mudanzas, cambios de cuidad, de colegio, de grupo de amigos, de figura sustituta paterna –hasta que el padre comienza a hacerse más presente- son algunas de las situaciones que Mason y Sam experimentan, situaciones que los atraviesan sin poder siquiera opinar. Por ello ambos ansían crecer, para desligarse de esa inevitable independencia materna que tanto los limita, y poder soltarse al mundo tal como quieran; con aciertos y errores, pero esta vez propios. Esto de “estar al margen” de las decisiones familiares se nota no sólo en los diálogos, sino en los lugares espaciales que los niños (particularmente Mason) ocupan: oír conversaciones desde atrás de una puerta, hablar desde el asiento trasero del auto, grafittear desde la parte inferior de un puente, sin mirar a nadie, u observar  por la ventana escenas que no le pertenecen.

Así, sin grandes momentos, sin sorpresas, o recursos extremos, Linklater construye a través del naturalismo que tanto lo caracteriza, una historia simple pero que resulta maravillosa por lograr identificarnos con momentos particulares de nuestras propias vidas, a la vez que nos pone nostálgicos, curiosamente una sensación que los personajes del film parecieran no sentir. Tal vez el único momento real de nostalgia lo brinde Arquette cuando ya soltera, y con sus hijos en la universidad, sucumbe en llanto ante la inminente soledad, y desolada exclama “Es sólo que pensé que habría más…”

Tal vez por todo lo anterior, Boyhood sea la película del año; y tal vez lo sea también por esa incertidumbre que nos genera, al pensar si realmente la historia y el guión se mantuvo inmutable durante doce años, o si los cambios de los actores infantiles en su crecimiento a la adultez, funcionaron retroalimentando al guión, y a los personajes a interpretar. Si fue así o no realmente no cambia la naturaleza sincera y honesta del film, pero es un punto a pensar y debatir largamente.  

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Boyhood es además una obra maestra porque puede adquirir múltiples significaciones, muchas incluso dentro de la filmografía de Linklater. La primera sensación que tuve al ver la película, fue conectarla instantáneamente  con la  trilogía Before…y no sólo por el lugar que se le da al paso del tiempo dentro y fuera del rodaje, sino porque Boyhood podría leerse como una continuación de Before Midnight. Excepto que ahora aquel joven Ethan Hawke que recorría Viena, vendría a funcionar como un padre de esa nueva versión de Jesse encarnada en Mason. Otra lectura posible tendría que ver con considerar a Boyhood como la antecesora del la trilogía romántica y discursiva que Linklater nos presentó en 1993, ya que aquí Mason está iniciando la adultez, y comenzando a tomar sus propias decisiones en ese mundo que se le abre y se presenta como nunca antes lo había hecho. De cualquier manera, al menos para mí, el resultado involucra a Hawke y Contrane como parte de un mismo movimiento, como parte de un proceso de cambio.  

El cine es una magnífica creación artística que permite algo que otras disciplinas no logran; puede manipular, maniobrar, y fabricar el tiempo. Linklater como buen director que es, sabe como nadie manejar el tiempo en el cine, y en la extraordinaria Boyhood eso se nota y se disfruta.

¿Será Boyhood la continuación (en la carrera de Linklater) para una nueva fase de realización y exploración de los vínculos humanos? En esa línea, este film también podría haberse titulado Motherhood (Maternidad), ya que los cambios y consecuencias, así como crecimientos personales, son desarrollados de forma muy rica en todos los personajes, pero sobre todo en Arquette y Coltrane.

Por ahora lo único que sé es que Richard Linklater además de ser un perfecto director, es un genial observador y analista. Larga vida a su cine!

Por Marianela Santillán 




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Acerca del autor

Marianela Santillan

Marianela Santillan

Licenciada en Psicología (UBA), con formación en Artes Audiovisuales (IUNA). Docente. Editora y redactora responsable de la sección CINE en Proyector Fantasma.