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Comentarios sobre Black Mirror: ¿Cuál es la propuesta subyacente de Bandersnatch?

Lautaro Olivera
Escrito por Lautaro Olivera

La historia en estos días es conocida: Netflix publica un cuento en el cual el espectador puede decidir qué caminos tomar al mejor estilo de los libritos de “Elige tu propia aventura”. La gente enloquece, el evento es tema de conversación y ver el episodio resulta una experiencia muy divertida. Ahora bien: ¿qué hay detrás de todo esto? Más allá de la innovación tecnológica: ¿Que es lo que realmente subyace a la trama de Bandersnatch? Es lo que trataremos de comentar a continuación.

Que Black Mirror haya sido la elegida para llevar a cabo este experimento interactivo no debería ser una sorpresa. A veces, tapados por la propuesta intelectual que la serie sirve en cada episodio, olvidamos de que por ejemplo, en su primerísima entrega The National Anthem, el Primer Ministro de su país termina violando sexualmente a un cerdo. Digo, si hay una serie que no teme arriesgarse, ser irreverente, cuestionar al status quo o interpelar incluso a sus propios espectadores, esa es Black Mirror.

Entonces, Bandersnatch no debe entenderse solo como una obra sino más bien como un evento artístico en sí mismo. Representa un espíritu de época y no puede prescindir de analizarse en el momento social en el que se inserta. Podemos hacer mil comentarios acerca de su calidad teniendo en cuenta los elementos fílmicos de siempre para establecer una crítica (en los cuales a mi entender su calidad es muy buena) pero son un tema secundario en este análisis sino tenemos en cuenta el contexto: Ahora el espectador es parte de la historia.

Es ficción, meta-ficción o ficción al cuadrado. Como queramos llamarlo. Pero sin duda lo valorable de esta entrega es que (como siempre) la novedad no pasa por el lado de la innovación tecnológica sino de como la utilizamos. El “meta” llega a su punto más álgido cuando un libro estilo “elige tu propia aventura” influencia la producción de un videojuego y este a su vez motiva la creación de una serie interactiva de la que nosotros somos parte, mediando la psicosis en cada una de las partes. El hecho que se pueda influir en las decisiones del protagonista no es un elemento aislado y accesorio de la historia, sino una parte intrínseca y fundamental de la misma.

¿Realmente estamos decidiendo en Bandersnatch?

De esta manera, el episodio se da el lujo de aprovechar la tecnología para teorizar acerca de la ilusión del libre albedrío analogando conceptos de la programación a nuestra propia vida, por ejemplo hablando en idioma binario acerca de las psicosis. Y porqué no, generando en el espectador una duda al impulsarlo a re-flexionar sobre su propia realidad.    


Y es que Black Mirror más allá de la tecnología o la crítica social, con el paso de las temporadas cada vez más fue jugando con el concepto de Multiverso. El concepto a grosso modo nos dice que hay varios universos que, aunque se mueven de manera paralela, están interconectados entre sí. Una historieta, una ficción, un videojuego, un algoritmo: decidimos con nuestra capacidad creadora qué destino queremos que tenga cada uno de ellos. ¿Y si en realidad estamos manipulando otras formas de vida? Más de las veces lo haremos inescrupulosamente pensando solo en nuestra propia conveniencia, este es el punto. Lo cual en última instancia nos llevará a las preguntas psicóticas: ¿Y si en realidad somos alguna suerte de ficción dirigida por un orden superior? ¿Y si estamos controlados por alguien más?

Charlie Brooker el creador de Black Mirror, parece cada vez más obsesionado con estas ideas. Ya depositó varios ejemplos multiversales en diversos episodios, siendo su verso más voluminoso Black Museum. Y concedió ideas bioeticistas desprendidas de este concepto en episodios como White Christmas y Hang the DJ.

Sí, tal vez más allá de valorar en mayor o menor medida la dirección, fotografía o actuaciones (la mayoría muy buenas) lo que debemos destacar es el guión. Este no se queda en el hecho de llevar al espectador por diversos caminos según sus elecciones, sino que le da la ilusión de que éstas influyen en las siguientes elecciones: no se está desapareciendo para reaparecer en el último retén, sino que se está volviendo sobre los propios pasos. Y por más que se haga de un modo sutil, siempre se dejará una huella.

Las ideas sobre la metaficción, el multiverso, la ilusión de libre albedrío y el eterno retorno florecen sobre el campo de una razonable lisergia que coquetea con hacernos formar parte. Por eso, lo atractivo de la propuesta no se limita a lo interesante que pueda ser hacer click entre una u otra opción, sino que esto tenga un sentido en la trama. Un sentido prefijado, claro. Pensar que la incidencia del espectador en la historia es real, es a la vez otro engaño que le oculta sus propias limitaciones, esta vez frente a un guión escrito por un tercero. Y la pregunta siempre vuelve sobre el espectador: ¿Es el que toma la decisión o es arrastrado por un guión? ¿Quien escribe el guión? ¿Hasta donde llega el libre albedrío?.




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Acerca del autor

Lautaro Olivera

Lautaro Olivera

Licenciado en Psicología (UBA). Alexander Payne, Evangelion, Bojack Horseman y superheroes. Colaborador en las secciones CINE y SERIES en Proyector Fantasma.